Creencias Hablar en público
Los miedos más comunes
30 septiembre, 2017
0
, , ,

El miedo a hablar en público está íntimamente ligado a nuestros dos miedos principales. Si resolvemos (sanamos) estos dos miedos, se resolverá todo lo demás.

¿Cuáles son estos dos miedos principales?

El miedo al fracaso y el miedo al rechazo.

Pasamos la mayor parte de nuestra vida evitando  experiencias que nos pongan en riesgo de fracasar o ser rechazados ya que inconscientemente,  sería tanto como anular nuestro ser, albergar el sin sentido, experimentar una terrible angustia existencial y una dura sensación de desamparo.

A lo largo de estos más de diez años entrenando a personas en el arte de hablar en público (yo le llamo SER en público), me he topado una y otra vez con estas ideas arraigadas: ¡No me quiero equivocar! ¡No lo quiero hacer mal! ¡Seré juzgado! todos estos pensamientos revolotean en nuestra cabeza y al poner toda la atención en ellos ocurre justamente lo que tememos: Nos equivocamos, se nos olvida, lo hacemos “mal” y bajamos del escenario con la sensación de que fracasamos y hemos sido rechazados,  un círculo que vuelve a repetirse una y otra vez, una y otra vez.

El miedo a hablar en público no existe. No hay tal cosa. De lo que realmente tienes miedo es de fracasar y no ser el que se “supone” debes ser: “perfecto” para ser aceptado.

La próxima vez que te toque hablar frente a los demás, pregúntate, ¿De qué tengo miedo? ¿Qué me preocupa de esto? Te darás cuenta de que tu miedo radica en “lo voy a hacer mal” lo que significaría ser rechazado, no reconocido, no aceptado.

Cuando sea tu turno de hablar frente a los demás ocúpate de una sola cosa: prepara tu tema con base en el objetivo que quieres lograr.  ¿Y el miedo? Trabájalo, que para eso aparece, para que lo trasciendas.

Coaching Comunicación Efectiva
COMUNICAR-NOS ¿Por qué no funciona tan bien en pareja?
13 mayo, 2017
0

Porque somos totalmente diferentes.

Vamos por la vida creyendo que los demás deben pensar, sentir, hablar y actuar como nosotros lo haríamos, pero no es así. Cada uno de nosotros tiene características genéticas que nos hacen actuar de determinada manera, además una serie de condicionamientos sociales, educativos y familiares que nos hacen suponer que las cosas son como creemos que son y entonces, actuamos.

Pero no, no somos iguales.

Incluso a las mujeres las asociamos con la energía femenina y a los hombres con la energía masculina. Sin embargo, ahora se reconoce que el género y la energía son totalmente independientes, ya que en una mujer puede imperar más la energía masculina y en un varón la femenina.

Anthony Robbins, en su artículo The “V” Word, lo explica claramente con estos dos ejemplos:

Edward regresa a casa después de un duro día de trabajo. Le cuenta a su esposa, Jill, sobre los problemas que él tiene con sus compañeros de trabajo y su jefe. Ella lo escucha, e incluso se involucra, compartiendo sentimientos comunes sobre lo frustrante que debe ser.

Jill vuelve a casa después de un duro día de trabajo. Ella le cuenta a Edward lo que le pasó. Sin embargo, Edward tiene una fuerte inclinación para arreglar sus problemas. Él corta en su narrativa e intenta corregirla tratando de hacerle ver cómo ella puede solucionar lo que pasa. Ella se pone cada vez más molesta. Ella grita, diciendo que él no “la entiende”.

¿Qué está sucediendo en cada situación? En el primer escenario, la energía femenina es alta y la energía masculina baja, pero la pareja es fácilmente capaz de restaurar el desequilibrio. Sin embargo, en el segundo escenario, la energía masculina es alta y la energía femenina baja y surgen desafíos. ¿Por qué es esto? ¿Qué dinámicas están en juego? ¿Qué tipo de cambio permitirá a Jill y Edward conectarse entre sí?

Anthony Robbins nos revela un secreto:

El juego de la vida en una relación se trata de dominar dos cosas: su estado y su significado. Si podemos dominar estos dos, cambiará todo. Y lo explica así.

DIFERENCIAS BÁSICAS

Partimos de que hombres y mujeres son especies prácticamente diferentes.

La fuerza femenina tiene algo que ningún hombre, extremadamente masculino, entenderá. Las mujeres sienten, experimentan todo, todo el tiempo. La razón de esto es porque el cerebro femenino tiene lo que se llama “Conciencia Difusa” un rasgo instintivo y biológico inculcado en las mujeres para que puedan ser plenamente conscientes de su entorno. Fue primero un tema de supervivencia y se ha convertido en una profunda necesidad para las mujeres de hablar, compartir y -ventilar- lo que están sintiendo. Esto se manifiesta de muchas maneras. Por eso dicen que las mujeres, al día, necesitan expresar más de seis mil palabras, charlar, charlar y charlar, ya que no se trata del contenido, sino de sacar emociones, conectar y compartir.

Cuando una mujer se expresa, está sacando energía. Ella está compartiendo su problema porque quiere conexión. Quiere que su pareja la sienta. Ella quiere que su hombre demuestre que entiende, compartiendo sus emociones.  Por el contrario la energía masculina, no quiere compartir problemas, quiere resolverlos. Así que un hombre muy masculino pensará: “¿Qué te pasa? ¿Por qué sigues hablando de este problema? ¿Por qué no lo resuelves ya?

¿Qué pasa cuando las parejas  no saben esto?

EL SIGNIFICADO

La naturaleza masculina hace que un hombre se sienta poco inclinado a conectarse con la emoción de la mujer, es decir con su “drama”, con lo que está sintiendo y ¿qué crees que sucede? Claro. La mujer se siente incomprendida, sola, rechazada. Incluso puede tener pensamientos como: “El cree que sabe todo” “No me entiende, ni tiene idea lo que esto significa para mí”. Desde una energía femenina es así, desde la masculina no lo es.

Por otra parte, cuando el intento de resolver (naturaleza del hombre), se encuentra con la frustración de una mujer, él tiende a pensar que su mujer simplemente no escucha o no confía en él para  resolver el problema. Incluso puede etiquetarla de ¡loca!  Y en última instancia, el hombre se dirá: “Nada de lo que hago funciona”. “Nunca puedo hacerla feliz”. “Nada la hará feliz”.

Justo en esta etapa de incomprensión es cuando la relación puede estar en peligro.

La realidad es que la forma en que ambos están actuando tiene un significado particular para cada uno, pero ninguno de los dos sabe realmente qué está pasando porque no tienen la información  para comprender al otro. Para los dos, lo que ocurre, significa algo diferente.

Creemos que los hombres son como las mujeres y las mujeres son como los hombres. Pero no es así. Aunque tenemos la idea de que nos conocemos bien, al final interpretamos todo a través de nuestro mundo: a través de nuestros condicionamientos.

RUTA DE SALIDA

La Conciencia Difusa significa que una mujer está sintiendo todo, todo el tiempo. El cerebro masculino tiene un solo enfoque, en este caso: resolver.  Al final, lo único que quieren ambos es: sentirse comprendidos. Una mujer no ventila sus problemas para que el hombre los resuelva, solo quiere sentirse escuchada. Un hombre no los ventila, o sólo los ventila, para ser escuchado. El, en el fondo, ya tiene la solución.

Si un hombre puede aprender a escuchar y una mujer a comprender la naturaleza masculina y la forma en que funciona su cerebro, esto se convertirá, para ambos, en una de las herramientas más poderosa en una relación.

EN RESUMEN

No tratemos de resolver los problemas, demos presencia. No tomemos nada personal. Escucha al otro atentamente y recuerda que muchas veces lo que dice, no es exactamente lo que quiere decir, es solo un impulso de sus condicionamientos.  Cuando mostramos comprensión e interés en los sentimiento del otro abrimos una puerta a la solución de los problemas y no es de extrañar que luego, justo después de eso, nos permita aportarle una solución y ésta sea bien recibida.

Comprender. No engancharnos. Dar un paso atrás y evaluar objetivamente lo que pasa. Presencia y comprensión, incluso cuando nos “sentimos” atacados. Esto es dominar nuestro –estado- y el –significado- que le damos a lo que sucede.

Productividad
No hay cambio sin cambio de Creencias
24 enero, 2017
0
,

Talentsmart.com, empresa dedicada a proveer productos y servicios de inteligencia emocional e inteligencia racional, que ha asesorado a marcas como Disney, Starbucks, The New York Times, United Airlines, City of Angeles, Coca-Cola, Pepsi, Nike y muchas más,  llevó a cabo un estudio entre más de un millón de personas y descubre que el 90% de las personas con resultados exitosos en diferentes áreas,  tienen dos características clave: son Inteligentes Emocionalmente, es decir, saben cómo gestionar sus emociones, reacciones, impulsos y dominan el Pensamiento Creativo. Los resultados arrojaron datos curiosos como que el ingreso de una persona está íntimamente relacionado con lo que piensa.

La inteligencia emocional y la racional son competencias que no aprendemos en ningún lado. Libros sobre esto sobran, sin embargo somos un país que no lee, por lo tanto la mayoría de la gente no tiene acceso a esta información y pasa su vida de largo, victimizándose ante lo que le ocurre y perdiendo la oportunidad de diseñar una estrategia creativa para mejorar su calidad de vida y su productividad.

Cambiar las Creencia Tóxicas se ha vuelto el punto crucial, el primer paso, por donde debemos iniciar, si queremos que nuestra vida tenga un giro diferente.

Identificar de dónde vienen las creencias tóxicas y preguntarnos si en este momento siguen siendo útiles, es la asignatura pendiente de todo aquel que quiera hacer cambios.

¿Cuál es tu estilo de pensamiento? Eso que Crees, o piensas, ¿te ayuda a alcanzar los objetivos que quieres? Si la respuesta es no, es momento de revisar tus creencias tóxicas, cambiarlas y anclarte a un nuevo pensamiento.  Si crees que no es fácil, tampoco será fácil conseguir resultados diferentes.

Aquí algunas creencias tóxicas en la mente de los colaboradores de una empresa, que podría ser la tuya…

Lo que siento es mi realidad.

Las reuniones son una pérdida de tiempo.

Expresar mis sentimientos es signo de debilidad.

Haga lo que haga, nada cambiará.

Nosotros siempre…. / Nosotros nunca….

No tenemos/tengo… por eso no nos/me va bien.

Para qué lo haces, de todos modos no agradecen.

Solo me pagan por hacer esto…

Siempre lo hemos hecho así.

La empresa nunca cambiará.

No se puede confiar en la gente, solo ve por sus intereses.

Los directivos piensan, los trabajadores ejecutan.

No es el sistema, son los trabajadores.

Los directivos no necesitan retroalimentación.

Para qué le movemos, así estamos bien.

Siempre lo hemos hecho así.

Ser líderes en el mercado implica mucho riesgo y mucho trabajo.

No van a cambiar, los capacitas y se van.

Son unos…  $#”%&/%$#”  para que invertir en ellos.

. . .

¿Qué probabilidades tiene de crecer una empresa con una cultura de pensamiento así?

Vale la pena reflexionarlo.

Coaching
Si ochocientas personas han decidido dedicar 15 minutos de su tiempo a tus palabras, no improvises.
22 septiembre, 2016
0

¿Qué es improvisar?
Según el diccionario: Componer o desarrollar un discurso o una pieza musical sin haberlo estudiado o preparado.

La gente cree, erróneamente, que el secreto a la hora de dar una charla está en la improvisación. Si te remites a lo que dice el diccionario: improvisar es hablar de algo sin haberlo estudiado o preparado y te lanzas al ruedo porque “así lo dice el diccionario”, me temo que estarás en problemas.

Nunca improvises.

Nunca, bajo la definición del diccionario.

Si vas a dar una charla lo más conveniente es que tengas claro de qué vas a hablar y qué quieres conseguir con tu charla y esto exige estudio y preparación. Divagar no es una opción.

Pero, ¿Qué pasa?

Creemos que improvisar es hablar “natural”, sin tener un esquema claro del contenido y de tu objetivo. Si lo crees así es muy probable que no logres conectar con la audiencia y que nunca captes su atención.

Si quieres que te salga bien, eso de hablar y conectar con los demás, pregúntate: ¿Qué quiero lograr con esta charla?. Al final de mi conferencia, ellos… (piensa en lo que ocurrirá en la audiencia) y enfoca todo tu contenido en el logro de ese objetivo.

Improvisar es hablar sin estar preparado y no estar preparado es “tirar por tirar”. Nunca pierdas la oportunidad de dar, justo ahí, en ese lugar donde la audiencia se conecta contigo y te regala toda su atención.

Ese lugar donde se vuelven uno; la audiencia y tu… conectados contigo y con tus palabras.